Cuando la música es libre, se ganan batallas

La música que está lejos de las grandes disqueras es una selva llena de diversidad. Allí, donde no se exigen ciertos ritmos y se brilla si hay autenticidad, Colombia tiene representantes para distintos gustos, que incluso se están proyectando internacionalmente sin apoyo de un gran sello discográfico y sin mucho dinero.

Si se pasa una noche por bares bogotanos como Boogaloop Club (algo similar a La Pascasia en Medellín) podrá escuchar propuestas como Quemarlo Todo Por Error, que tiene una guitarra envidiable.

O también Bliss, que se mueve entre la psicodelia, Moügli que suena a selva y a electrónica, Cohetes que recuerda nostalgias pop o Nicolás y Los Fumadores con letras cotidianas y armonías bien producidas.

Cada uno es tan particular y suena tan distinto, que incluso es difícil ponerlos en un solo grupo. ¿Pero qué tienen en común? Practicamente no suenan parecido a lo que puede escuchar en la radio.

“Esta música es importante –explica Diego Londoño, crítico de música–, porque desde su creación es resistencia y ha generado una contracultura a lo que llaman mainstream”. (refiriéndose a lo que suena popularmente en la radio o que goza de un enorme impulso comercial).

Batalla de independencia

Está presente, además, ese enorme aspecto llamado libertad creativa, un elemento que puede eliminarse por completo cuando un artista llega a ser firmado por un gran sello musical.

“La gran ventaja es tener control sobre su trabajo, más aún cuando se habla de una banda independiente consolidada a la que no le interesa llegar a un estado de mainstream, porque esa es una elección: el sueño de todos los grupos no es que los firmen grandes disqueras, sino en realidad es tener esa libertad creativa y presentar su visión del universo en cada canción”, cuenta Santiago Arango, locutor de Radiónica y crítico musical.

Esto lo apoya Silvia Palencia, vocalista de Caravanchela, “de alguna manera los músicos independientes nos hemos convertido en una forma de resistencia y nos rehusamos a que nuestro sonido no respete nuestra identidad”, dice ella. “Entre más seamos, más fuerte suena la música, más gente nos escucha y se contagia de sonidos frescos”.

Un pilar: el público

Como este tipo de apuestas que no temen experimentar, en su originalidad encuentran un nicho específico que crece, se fortalece y los apoya cada vez un poco más.

Para Londoño, este tipo de proyectos tienen que existir “porque muestran otras estéticas, no están pensando en la venta, los likes, sino en los géneros, los nichos y en la especialización”.

No todos son actos nuevos, agrupaciones como Árboles Vertebrados lleva ya casi una década trabajando de manera independiente en Medellín.

Además, son grupos que a punta de camaradería se han abierto espacios y que a punta de toques han llegado a nuevas audiencias y buscado sus espacios en festivales más alternativos.

“El éxito de esta escena independiente es que es muy unida, trabaja en equipo. Hay un poco de colectivos artísticos, que tienen muchas personas detrás, y que hace que las cosas pasen”, cuenta Juan Pablo Pulido, el artista detrás de Cohetes.

Aún hay temas por superar

Algunos de los artistas señalan que aún hay ciertos obstáculos que dificultan su crecimiento, pero que poco a poco se van solventando.

Uno de ellos es la falta de escenarios – señala Cohetes – pues muchas veces estos artistas no tienen tantas opciones para mostrar su talento en vivo. A esto se suma el tema de la financiación, pues el dinero siempre es necesario para producir trabajos de calidad – apoya Palencia – y también la red de contactos que han ido formando por años las disqueras.

A pesar de esto, los independientes no piensan parar y se van abriendo campo para hacerse escuchar. Por ahora, parecen ir en la dirección correcta.

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